El bosque

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Escucho el viento que mueve las hojas en la espesura. Ese suave arrullo que me adormece según avanzo.

Llego a un claro y me detengo.

Inspiro profúndamente, dejando que mis pulmones se llenen del aroma a rocío y ramas secas que me rodea.

Desde lo alto, el bosque parecía una pequeña extensión verde, pero una vez dentro parece crecer por momentos. En ocasiones las anchas copas de los árboles juegan a impedir el paso de la tímida luz otoñal. Luego se abren, dejando que mis ojos vuelvan a distinguir el camino.

 

Cuando me adentro en un bosque, tengo la sensación de estar dentro de algo vivo, que en ocasiones te dá la bienvenida con una sonrisa, y en otras se muestra hostíl y reacio a tenerte en su interior.

Noto como respira con calma y lentitud, dejando que el tiempo fluya a través de él.

Si avanzas hasta lo más profundo, puedes sentirte de repente atrapado en su magia, y dejar de temer la posibilidad de no salir de allí jamás.

 

A veces, al alejarme, me giro y lo contemplo largo tiempo. Parece entonces despedirse, lanzando al aire un “hasta pronto”.

 

La Cogulla

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¿No os habéis quedado nunca contemplando la grandiosidad de un paisaje?

¿No habéis sentido nunca de pronto lo pequeños que somos?

 

Me alejo del grupo, que acabada la comida, conversa animádamente en la casa grande…

Solo, con el sonido del viento entre los árboles, me pierdo en mis pensamientos.

Me fundo con las hojas que se mecen con suavidad…

Me siento parte del bosque que rodea el tosco camino que nos conducirá de nuevo, en breve, a la civilización.

 

A la izquierda se ven los restos de una vieja casa entre las ramas quebradas… y me pregúnto cómo sería la vida de las personas que un día la ocuparon.

Este era su hogar… lejos de todo.

Puedo imaginarlos asomándose a la ventana cada mañana, recibidos por este mismo paisaje que yo ahora contemplo.

Y por la noche, en la completa oscuridad, compartir la cena junto al fuego, protegidos del frío aire de las montañas.

 

Me reúno de nuevo con mis compañeros en el comedor.

Es hora de irnos… pero algo dentro de mí me dice… que volveré.

 

En la carretera

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Linea blanca que corre ante mis ojos… interminable.

El asfalto me conduce hasta el siguiente escenario, hostal, gasolinera…

Los días se vuelven noches, las noches se vuelven días. El reloj parece detenerse cada momento.

 

Levanto la mirada y observo la lejanía… montes, casas, bosques…

El sol nos calienta sin piedad en las tardes de verano.

La lluvia rebotando en los cristales al llegar Septiembre.

Amanece casi siempre de camino a la siguiente parada. Por un momento el asfalto cobra un extraño color… indescriptible.

 

El cansancio me acompaña, sin llegar a vencerme del todo. Puedo recordar qué día es hoy, y no es aún el que me llevará de vuelta a casa, aunque algún nuevo hogar nos acogerá durante unas horas.

Es mi vida… en la carretera.

 

Albufera

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Existen lugares que, poco a poco, al cabo de los años, llegan a tener un significado especial para uno.

 

Sitios en los que has nacido y vivido durante muchos años… donde pasaste la infancia y creciste. Jugaste con tus amigos y diste tu primer beso.

Sitios que quizá te acogieron en un momento de tu vida… llegaste como un extraño y finalmente se transformó en tu hogar.

Donde puede que fueras cuando querías estar tranquilo, sentirte seguro y perderte en tus pensamientos.

 

Hay otros lugares que, en un momento, por algún motivo especial, adquirieron esa importancia.

Sucedió algo allí que marcó tu vida… para bien o para mal.

 

Esto último sucedió en la Albufera de Valencia.

Siempre recordaré aquel precioso día… aquella soleada tarde… aquel mágico momento…

En el que al fin… ¡¡llegaste!!

 

Massanassa

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Camino…

Levanto la cabeza y observo lo que me rodea… distintos caminos, distintas calles, distintas carreteras.

Distintas personas…

Es mi nuevo hogar.

 

Al principio todo resulta extraño, fuera de lugar.

Luego, poco a poco, las cosas van encajando como pequeñas piezas de un gran puzzle.

Y al fin, las calles y caminos que tan extraños resultaron al principio, terminan por formar parte de tu día a día, se vuelven parte de tu cotidianidad… y los aceptas como parte de ti mismo.

Pues todos necesitamos tener un hogar, un sitio donde volver… donde sentirnos seguros y poder descansar.

Yo desde luego sí. Y quizá incluso más de uno…

 

Camino… y vuelvo al principio.

Estoy en casa.

 

Ocaso

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Un nuevo día nos espera tras cada amanecer.

Una nueva oportunidad de vivir… llena de posibilidades.

Disfrutar cada momento de nuestra existencia… rodeándonos de las personas que nos quieren, a quienes queremos.

Luchar por nuestros objetivos… nuestros sueños.

Abrazar… besar… reir… llorar…

 

Otro día se fue tras el ocaso…

Y absurdamente nos convencemos de que siempre habrá otro más.

 

El mar.

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¿Qué tiene el mar?

Desde muy pequeño, pasear junto al mar, quedarme horas mirando su continuo movimiento, ha sido la mejor manera de poder calmar un poco el constante girar en mi interior.

Quizá espero que desde el horizonte las olas me traigan respuestas.

Que me dejen atisbar qué me depara el futuro.

Una tras otra se acercan a la orilla,

Cada cual distinta a la anterior.

Como cada día, que es único, irremplazable.

Como cada uno de nosotros, tan diferentes.

Mañana iré un rato.

Dejaré atrás este olor a asfalto de la ciudad, y respiraré la brisa marina.

Otearé el horizonte en busca de respuestas,

O quizá de nuevas preguntas…